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Logran describir uno de los procesos que vuelven infectivo al parásito del chagas

Publicada el 06 DE NOVIEMBRE 2020, 08:20 En Divulgación Científica.

El estudio liderado por científicos de Mendoza abre caminos para el desarrollo futuro de fármacos que puedan abordar una patología desatendida y endémica de la región.


Logran describir uno de los procesos que vuelven infectivo al parásito del chagas

(Fuente: Agencia CyTA-Leloir) Investigadores de Mendoza lograron describir procesos que otorgan capacidad infectiva al parásito de la enfermedad de Chagas que transmite la vinchuca. La patología endémica en 21 países de las Américas mata 12.000 personas por año.

“Nuestro estudio es un paso adelante hacia la identificación de blancos terapéuticos que permitan el diseño futuro de fármacos que eviten que la infección se propague a los órganos blanco como corazón y que se genere la enfermedad”, afirmó la líder del trabajo, Patricia Silvia Romano, investigadora del Instituto de Histología y Embriología (IHEM), que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).

El estudio mendocino logró describir cómo funciona el proceso por el cual el parásito, Trypanosoma cruzi, se diferencia de la forma parasitaria no infectiva, conocida como “epimastigote”, a la forma conocida como “tripomastigote metacíclico infectante”.

Para que se produzca esta diferenciación, el parásito activa un proceso celular conocido como “autofagia” o autodigestión de los elementos propios de la célula. “Este proceso le permite obtener la energía necesaria para sufrir esa transformación y además eliminar componentes celulares que ya no va a utilizar para generar nuevos elementos que le van a servir para poder infectar a las células”, explicó Romano, doctora en Biología y jefa del Laboratorio de Biología de Trypanosoma cruzi y de la Célula Hospedadora en el IHEM.

Trypanosoma cruzi contiene “reservosomas”, que son compartimientos propios que en su interior tienen una enzima llamada cruzipaína: un factor de virulencia del parásito  que participa tanto durante la diferenciación parasitaria como en la infección.

Ahora, los investigadores demostraron que la autofagia controla la actividad de cruzipaína y, por su intermedio, es capaz de controlar la diferenciación y la infección. “Este último proceso es el más importante desde el punto de vista médico”, indicó Romano, también jefa de trabajos prácticos en la carrera de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCUYO.

El trabajo fue publicado en la revista “Autophagy”.

El proceso de diferenciación del Trypanosoma cruzi se lleva a cabo en la vinchuca. Por esta razón, los investigadores reprodujeron esa diferenciación in vitro creando un ambiente óptimo que reprodujera el medio en el que se desenvuelve el parásito dentro del insecto. Y con esos materiales realizaron estudios moleculares visualizados con imágenes de alta resolución obtenidas con un microscopio confocal.

“La capacidad de la autofagia para regular la actividad de cruzipaína y la infección “es uno de los aspectos más interesantes de nuestro trabajo porque nos permite, por medio del uso de activadores o inhibidores de la autofagia, la reducción parcial o total de la infección, fenómeno clave para el establecimiento de la enfermedad de Chagas”, puntualizó Romano.

El próximo paso va a ser estudiar más profundamente la autofagia del parásito y su efecto sobre la cruzipaína durante la infección, es decir en el momento en que el parásito está ingresando a la célula que va a invadir, indicó la investigadora.

“Una vez conocido cómo funciona este proceso vamos a analizar la mejor forma de afectarlo de manera de lograr disminuir o abolir totalmente la entrada y de esta manera interrumpir el ciclo del parásito en las células humanas y animales, de forma tal de evitar que la infección se propague a los órganos blanco como corazón y que se genere la enfermedad”, concluyó.

Del estudio también participaron la primera autora Antonella D. Losinno, del IHEM, del CONICET y de la UNCUYO; Santiago J. Martínez, del IHEM y del CONICET; Carlos A. Labriola, del CONICET y del Instituto Leloir, y  Carolina Carrillo,  del Instituto de Ciencias y Tecnología Dr. César Milstein (ICT-CONICET), en Buenos Aires,  y una de las creadoras de un kit de diagnóstico para la detección de Chagas congénito y de NEOKIT-COVID-19.