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La huella de la memoria: arqueología pública en el fuerte de San Carlos (Mendoza)

Publicada el 26 DE SEPTIEMBRE 2018, 12:09 En Noticias.

María José Otts: Doctora en Historia. Investigadora CONICET en el INCIHUSA.
La huella de la memoria: arqueología pública en el fuerte de San Carlos (Mendoza)

¿Qué fue el fuerte San Carlos? ¿Por qué fue construido allí?

El fuerte de San Carlos es un fuerte colonial que se construyó en 1770 en un paraje denominado “La isla” entre los ríos Aguanda y Yaucha. El objetivo de estos fuertes era detener el avance de las incursiones indígenas en las estancias coloniales, en este caso, del Valle de Uco, donde los “blancos” tenían grandes extensiones dedicadas a la cría y pastoreo de ganado. El fundador del fuerte, el Maestre de Campo Dn. Juan Martínez de Rozas, era también propietario de algunas de estas extensas estancias. A partir de la fundación de fuertes, se avanzaba en la ocupación del territorio hacia el sur: en 1772 se fundó en sus alrededores un pequeño poblado, la Villa de San Carlos, que sería el origen del departamento.

¿Qué tarea desarrollaron, o desarrollan, en el fuerte?

Realizamos investigaciones históricas y arqueológicas para reconstruir la historia del Fuerte. Y actualmente, además, estamos indagando sobre el proceso de patrimonialización del Fuerte, sobre las memorias y representaciones de los vecinos de San Carlos y cómo se construye ese proceso.

¿Cómo llegaron a esa tarea y en qué consiste?

En abril de 2017 el fragmento del torreón noroeste que se conserva del Fuerte que se reconstruyó en 1904, que estaba muy deteriorado, se derrumbó durante una tormenta. Los vecinos de la Villa interpelaron a las autoridades del Municipio para que se hiciera una tarea de conservación sobre esos restos. Con muy buen criterio, el Director del Museo del Fuerte, Ricardo Dengra, solicitó la participación de una arquitecta especialista en patrimonio y construcciones en tierra, Adriana Saua, quien a su vez decidió encarar la tarea de conservación con la participación de un equipo interdisciplinario al que fuimos convocados. Nuestra tarea consistió en hacer un estudio de los datos documentales que permitieran conocer la historia de la construcción y las reconstrucciones desde 1770 hasta el presente. Esta tarea es fundamental antes de iniciar la excavación arqueológica, porque de ese modo planteamos expectativas sobre la metodología de trabajo y sobre lo que buscamos en la excavación. Luego planteamos y realizamos la excavación arqueológica con el objetivo de buscar muros, cimientos, pisos de ocupaciones y restos materiales. Finalmente, analizamos los restos materiales y proponemos interpretaciones sobre la cronología de las ocupaciones y las actividades sociales que tuvieron lugar en ese sector del Fuerte.

¿Con quiénes desarrollan el trabajo?

Las tareas que se realizaron para estudiar la historia de la construcción de la torre y para su conservación fueron realizadas por la arquitecta, y nosotros colaboramos en algunas acciones, como realizar excavaciones en el interior de la torre para estudiar cómo era la técnica de construcción y las intervenciones para mantenerlo a lo largo del tiempo. La reconstrucción histórica la realizamos con la colaboración de Ricardo Dengra. Y las excavaciones y análisis de materiales fueron realizados por investigadores y personal de apoyo del INCIHUSA-CONICET (Jorge García Llorca, Pablo Cahiza, Cristian Tivani, María José Ots) y alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras que participan de nuestros proyectos de investigación (Marina Cataldo, Andrés Rocha y Sebastián Puerto Mundt).

¿Trabajan en colaboración con otros organismos públicos o privados?

En este caso fue muy importante la colaboración y el apoyo de la Municipalidad de San Carlos.

¿Qué es “arqueología de contrato”?

A partir de las legislaciones internacional, nacional y provincial que ponen en valor y protegen el patrimonio arqueológico se exige a las entidades públicas y a las empresas que, antes de realizar determinados emprendimientos (excavaciones, construcciones, explotación forestal o minera, por ejemplo) se debe realizar un estudio del impacto que esas actividades pueden tener sobre el patrimonio arqueológico (en este caso, pero también contemplan el impacto sobre otros bienes culturales y naturales). En esos casos, los estudios arqueológicos son “contratados” y se ocupan de evaluar el impacto, hacer propuestas para evitarlo o minimizarlo y realizar un rescate de la información que eventualmente se pueda perder. Por eso mismo también se le llama arqueología preventiva, de impacto o de rescate.

¿Cuáles son los resultados que han obtenido en el trabajo? ¿Está terminado?

En esta etapa de investigaciones pudimos conocer la historia de las construcciones del Fuerte y de sus ocupaciones. Como resultado de las excavaciones arqueológicas y del estudio arquitectónico pudimos conocer las técnicas de construcción del último edificio y las acciones para mantenerlo durante el siglo XX y hasta el presente. Al igual que para las construcciones anteriores (de 1770 en adelante), se utilizaron materiales de la zona para hacer adobes, es decir que la construcción siguió siendo de barro principalmente. Se reconocieron niveles de ocupación desde fines del siglo XIX, asociados a actividades de consumo de carne y bebidas. Lamentablemente, las condiciones naturales del  lugar en el que se emplazó el fuerte dificultaron que se pudieran alcanzar niveles más antiguos (coloniales e inclusive previos a la instalación del Fuerte), ya que a 2,30 m de profundidad, donde encontramos un piso de ocupación de mediados o fines del siglo XIX, comienza a subir la napa freática y es imposible llegar a niveles más profundos.

¿Qué rol cumple el fuerte de San Carlos en la conformación de la identidad sancarlina?

Precisamente ese es el tema que estamos estudiando ahora: el de la memoria y las representaciones sociales sobre el Fuerte como parte del proceso de patrimonialización. Nos llamó mucho la atención la identificación que muchos sancarlinos tienen con el Fuerte y su historia. De hecho, este trabajo surgió a partir de la iniciativa de algunos vecinos que reclamaron que el municipio se ocupara de su conservación. Es decir, el interés para la conservación de estos restos (que fueron  declarados Monumento histórico en 1952) antes que académico o político, es comunitario. Para muchos sancarlinos, la historia de su comunidad comienza con la fundación del Fuerte. Es interesante, y paradójico, porque en realidad la historia de ese territorio podría tener más de 10000 años de antigüedad, si tenemos en cuenta el poblamiento temprano de Mendoza. ¿Por qué la comunidad no ha incorporado en sus representaciones del pasado local y en su identidad los miles de años de ocupación indígena? Es un desafío para nosotros (los arqueólogos y las arqueólogas) la divulgación de los conocimientos científicos para colaborar en una re-construcción crítica de la memoria que incluya a los otros, los que estuvieron antes.

¿Es la primera vez que participás en el SISPA?

No, soy socia fundadora! Colaboro con Margarita desde el primer Seminario en 2010 y he participado en todos los que he podido desde entonces, según la temática.

¿Cuál es la importancia de realizar este seminario?

El Seminario propone una temática general cada año, y tiene una convocatoria internacional e interdisciplinaria. Esto permite otros enfoques sobre los temas, lo que enriquece nuestros trabajos. También es muy positivo el espacio que dentro del Seminario se destina a la discusión sobre las presentaciones, que no suele tener lugar en otro tipo de formato de reuniones científicas.