Contacto Correo Web Intranet

“Iluminación saludable”: cómo la luz puede reducir el cansancio y mejorar la concentración

Publicada el 20 DE SEPTIEMBRE 2019, 12:41 En Divulgación Científica.

Investigadores del CONICET trabajan para identificar y potenciar los efectos no ópticos positivos de la luz artificial.
Iluminación saludable: cómo la luz puede reducir el cansancio y mejorar la concentración
La "iluminación centrada en el ser humano" apunta a descubrir y aprovechar los efectos no ópticos de la luz artificial (Shutterstock).

Por Irene Hartmann para Clarín

Alimentación sustentable, turismo sustentable, desarrollo sustentable, economía sustentable, transporte sustentable… y le llegó el turno a la luz: la llamada “iluminación sustentable” o, también, iluminación saludable, una impronta que expertos del mundo se pusieron de acuerdo en llamar Human Centric Lighting o, en español, “iluminación centrada en el ser humano”. ¿En qué consiste? Mientras es obvio que la luz permite ver, quienes trabajan en este campo buscan poner de relieve los beneficios “no visuales” que también reporta la luz, tan escasamente difundidos como el hecho de que en la Argentina varios equipos del CONICET se empeñan en investigarlos.

El foco de su trabajo está puesto en cómo, respetando lo más posible el medio ambiente y aprovechando al máximo los avances tecnológicos, darle una vuelta de tuerca superadora a la clásica antítesis natural vs. artificial. La idea es “recuperar”, en un sentido fresco, eso tan básico que perdimos como especie: la plenitud de nuestro ritmo biológico, donde la luz juega un papel elemental. Un adelanto: la iluminación centrada en el ser humano apunta a un mejor aprovechamiento de ambas, la luz natural (el sol) y la luz artificial.

Antes de los detalles, algunos datos duros provistos por una experta en esta materia que habló con Clarín desde Mendoza, Andrea Pattini, directora del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (Inahe), dependiente del CONICET: “Al aire libre, los cambios en los niveles de luz y del color de la luz ocurren gradualmente y eso permite que nuestros cuerpos se adapten y se ajusten a esos cambios. Pero, aunque nuestros antepasados pasaban cerca del 90% de su tiempo diurno al aire libre, nosotros pasamos cerca del 90% del tiempo en interiores: nos despertamos en nuestras viviendas con poca luz, nos subimos al medio de transporte y pasamos el día en oficinas o aulas con poca luz”.

Todo eso afecta el estado ánimo de las personas, sumó Andrés Martín, científico del Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión (ILAV-CONICET-UNT). Su trabajo, dijo, se basa en tres pilares. Por un lado, en la premisa de que las mejores condiciones de iluminación tienen efecto en la realización de tareas específicas. En segundo lugar, agregó, está el saber sobre los efectos “no visuales” de la iluminación: “Esos conocimientos nos indican que diferentes tipos de luz —más azules o más rojas— afectan, siempre en combinación con otras variables, el estado de ánimo o el estado de alerta. Incluso pueden generar somnolencia o depresión”. En este punto, Pattini remarcó que “la luz y la oscuridad controlan nuestra producción de hormonas, lo que influye en nuestro sueño, estado de alerta, estado ánimo, memoria y rendimiento”.

La tercera pata que describió Martín es “la posibilidad tecnológica de diseñar la instalación de iluminación de modo tal de atender simultáneamente a los dos factores mencionados antes: los efectos visuales y los no visuales de la iluminación”. Al respecto, Pattini observó que “si pudiéramos controlar mejor la iluminación de nuestros edificios, podríamos crear soluciones que respaldarían nuestro bienestar”.

Antes de explicar cómo, un adelanto: la experiencia ya se hizo, fue en un espacio laboral y arrojó interesantes resultados. Según el informe Office Lighting Solution 2018 (que se difundió en estos días, en el marco del BIEL Light + Building Buenos Aires, un evento que se lleva a cabo hasta el sábado en La Rural), quienes fueron expuestos a iluminación saludable mostraron, en un 19%, reducción del cansancio. Además en la muestra se registró un 27% de mejora en la capacidad de concentración; un 37% más de agudeza mental y un alza del 23% en la satisfacción de los empleados.

Como explicó Fernando Deco, quien dicta cursos sobre iluminación centrada en el ser humano en la Universidad Tecnológica Nacional (Regional Rosario), es necesario empezar a "modelar" la composición espectral de la luz artificial en busca de un “efecto activador o relajante sobre el organismo”. Para eso, aclaró, la clave es que “la luz de los espacios se piense en base a las necesidades de las personas: los beneficios visuales, biológicos y emocionales que les da la luz”.

La dosis justa

¿Cómo modelar la luz en función de las necesidades de las personas? Según Pattini, en primer lugar, “un diseño centrado en los humanos implica dar al ocupante la cantidad y calidad de luz adecuadas en el momento adecuado. Esto requiere imitar el dinamismo intrínseco de la luz natural”.

Con su equipo de trabajo en Mendoza desarrollaron y publicaron propuestas concretas: “Patrones dinámicos de iluminación específicos para las necesidades visuales y no visuales de médicos, pacientes y acompañantes… para unidades de cuidados intensivos neonatales, así como estudios en aulas de escuelas primarias, edificios públicos, viviendas y recintos urbanos”.

Parte del enfoque, detalló la experta, impulsa el “redescubrimiento de la luz natural para iluminar espacios, motivado por la crisis energética mundial”. En otras palabras, requiere “el diseño de hábitats que aprovechen la luz solar durante el día en los espacios interiores”.

Por la vía artificial también hay propuestas concretas. Según Martín, el acento hoy está puesto en la tecnología LED, que, a diferencia del tradicional foquito de luz incandescente o los míticos tubos fluorescentes, es capaz de ofrecer distintas “temperaturas de color”, un concepto complejo pero clave para "imitar" la luz natural.

En este punto muchos dirán “pero tengo un interruptor con dimmer [la ruedita que regula el nivel de luz] y no funciona con LED”. Eso se debe al odioso desfasaje tecnológico que obliga a “comprar todo de nuevo”. De todos modos, los sistemas LED centrados en el enfoque humano son más avanzados, describió Martín, comparables a la función del smartphone que modifica automáticamente el brillo de la pantalla, en función de la luz ambiente.

“El secreto está en la electrónica y en el conocimiento de las proporciones de cada luz para simular, por ejemplo, un momento determinado del día: más azul a la mañana, más rojo al anochecer. Esto no lo consigue cualquier lámpara LED. Aquí viene el asunto del diseño centrado en el humano, mediante sistemas inteligentes, aunque, en rigor, bastaría una computadora y la posibilidad de controlar las lámparas mediante algún software. Pero sí es necesario contar con fuentes de luz que sean modificables en su espectro. Y eso es lo que posibilitan los LED”, agregó.

Como aclaró el investigador, desde Tucumán, “los LED que se venden hoy ya están combinados para dar un determinado color de luz blanca fría o cálida. Pero sería muy fácil y barato contar con LED de tres colores (RGB), que producirían una amplia gama de blancos o directamente un color específico”.

Para los que pasaron de la bombita de tungsteno a las gélidas lámparas de bajo consumo del supermercado, redescubrieron todo (y gastaron una fortuna) cuando aparecieron las de "bajo consumo cálidas" y ahora apuestan a las todavía más sustentables LED, lo que se viene, parece, es una tecnología distinta e informatizada, que debería superar la típica rosca universal. Esa en la que venimos, desde hace décadas, enroscando lamparita tras lamparita.

Fuente: Clarín