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“Hay una nueva manera de hacer ciencia desde el feminismo que comienza a ser legitimada”

Publicada el 09 DE MARZO 2020, 08:39 En Divulgación Científica.

Lo dice Valeria Fernández Hasan, una investigadora que estudia, desde la Academia, cómo el movimiento de mujeres llegó a los medios masivos.
Hay una nueva manera de hacer ciencia desde el feminismo que comienza a ser legitimada

Feminismo, igualdad de género, cuarta ola, revolución de las hijas: casi todas las personas conocen esos términos. Pero remontándose apenas cinco años atrás, quizás pocos sabían lo que significaban: el estallido del movimiento de mujeres provocó que en un lapso muy breve el tema trepara a lugares insospechados, como por ejemplo, los medios de comunicación. “En los últimos tiempos, el feminismo se ha erigido como un actor social más –advierte la científica Valeria Fernández Hasan– y como tal, ya ocupa un lugar preponderante dentro del debate público”. Lo dice con conocimiento de causa: desde hace dos décadas su tema de estudio dentro del CONICET es el lugar que ocupan los temas del movimiento feminista dentro de la agenda de los medios masivos. “Lo que estamos viviendo hoy –afirma– no tiene vuelta atrás”.

En los años en los que comenzó su incursión como investigadora en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) de Mendoza, a comienzos de los 2000, el campo de los estudios de género era un territorio inexplorado. “En ese entonces, para poder estudiar al feminismo desde la Academia hablábamos exclusivamente de estudios de género, porque había que recurrir a términos, categorías y nociones que lo camuflaran, para que fuera algo permitido o aceptado”, recuerda Fernández Hasan, doctora en Ciencias Sociales, cuya mentora fue la investigadora Alejandra Ciriza, pionera del feminismo académico de Mendoza. “Recién hace poco tiempo la Academia empieza a ser un poco más permeable y hoy podemos decir abiertamente que hacemos teoría feminista”.

En su exploración científica, Fernández Hasan logró trazar una línea de tiempo que recorre el nexo entre el feminismo y la agenda pública. Así sistematizó los cambios registrados en el modo en el que la prensa se ocupa del feminismo: detectó un primer momento en el que la agenda de los medios hegemónicos era prácticamente impenetrable para el feminismo, y el feminismo era más bien demonizado por esos medios; y un segundo momento en el que el tema finalmente pudo irrumpir en la agenda pública. Ese ingreso estuvo dado, según la científica, por las mujeres periodistas que comenzaron a ser aliadas y a identificarse con el feminismo, e hicieron un trabajo a conciencia para desplegar estrategias comunicacionales que lograran visibilizar al movimiento en los medios.

El punto de quiebre para que el movimiento de mujeres crezca en visibilidad se dio en el año 2009, con la sanción de la Ley de Medios. “Por primera vez, una ley desde lo institucional posibilitaba, sugería, regulaba, los estereotipos en los medios, la violencia simbólica, la publicidad, y en su articulado hablaba específicamente de las relaciones desiguales entre los géneros”, remarca Fernández Hasan. “Ahí se abrió el espacio para un montón de temas que antes no eran objeto de debate”.

De la mano de dicha ley, la investigadora identifica la creación de la Defensoría del Público, en el año 2012, como un ente decisivo para que se estableciera un diálogo entre la agenda feminista y la agenda de los medios. “El rol pedagógico de la Defensoría fue muy fuerte hasta 2015. A través de capacitaciones y penalizaciones, se produjo una transformación en las audiencias, transformación cuyos alcances se perciben hasta el día de hoy –remarca Fernández Hasan–, por ejemplo, con lo que pasó este enero con una publicidad de una marca de cerveza que tuvieron que dar de baja por machista y violenta. La Defensoría propició capacitaciones en todo el país en sindicatos, facultades de Comunicación Social, medios de comunicación públicos, comunitarios y privados. Y también habilitó a que las ciudadanas y los ciudadanos denunciaran cuando sintieran que se vulneraba alguno de sus derechos, lo cual derivó en que se penalizara las acciones que ofendieran. La reparación del derecho vulnerado se estableció tanto con disculpas públicas como reforzando las capacitaciones”.

A partir de 2015, la inserción de los temas de la agenda feminista en los medios se dio de manera más directa y vertiginosa: ese año, el Ni Una Menos visibilizó públicamente la violencia de género y los femicidios; en 2018, fue el debate por la legalización del aborto el que puso sobre la mesa el estado de situación de los derechos sexuales y reproductivos; “y este año, creo que el tema de la agenda feminista que se está comenzando a debatir a nivel mediático es el de la prostitución”, indica Fernández Hasan. Una muestra de ello, dice, es el reciente debate que se dio en torno al regulacionismo versus el abolicionismo de la prostitución, a partir de la polémica suscitada por la publicidad que la cantante Jimena Barón realizó para promocionar el lanzamiento de su último tema musical. “Estas diferentes instancias fueron muy interesantes e intensivas durante todos estos años. La instalación de estos temas hizo que el feminismo saliera del gueto, que se discutieran sus cuestiones de manera pública y el feminismo dejara de ser una mala palabra”, advierte Fernández Hasan. 

Deconstruyendo la Academia

 Si algo caracteriza al feminismo es la posibilidad de deconstruir las imposiciones sociales; cuestionar el orden patriarcal establecido y salir de los mandatos: Fernández Hasan señala que esa misma impronta se trasladó hacia la ciencia, una vez que el feminismo se instaló como tema de estudio. “Hablar de teoría feminista en la Academia es muy reciente, pero ya podemos decir que hay una ciencia que es, en sí misma, feminista”, asegura. “Es la ciencia que se permite hablar desde la primera persona, que construye teoría desde una posición situada y desde la experiencia. Eso antes en la ciencia no se permitía: parecía que había que ser escépticos y ver todo desde afuera. Eso, nosotras, creemos que no es así, que la experiencia también es una categoría. Tiene que ver con eso de que lo personal es político: como científicas, nuestra experiencia se inscribe dentro de una experiencia común y es válida para producir conocimiento”.

Para Fernández Hasan, esa ciencia feminista también construyó nuevas formas de escritura académica. “No solo se trata de qué decimos sino de cómo lo decimos, qué palabras usamos, utilizando un idioma que todos entiendan, adentro y afuera de la Academia, y que producir conocimiento le sirva efectivamente a alguien”, dice. Y sigue: “En la Academia todo está armado a la manera tradicional: desde los formularios o las planillas de evaluación, hasta las exigencias. Desde nuestro lugar como científicas feministas, creemos que se puede producir conocimiento de otras formas. Ponemos en cuestión el sistema, todos los días nos interpelamos personal y profesionalmente”.

Es decir que así como en los medios el feminismo se fue abriendo paso, en la Academia ocurrió algo similar, e inclusive, según apunta la científica, hay muchas investigadoras que sin saberlo, ejercen la ciencia desde un punto de vista feminista. “Históricamente hubo una invisibilización de las mujeres en todas las disciplinas –señala–, pero somos muchas las que venimos trabajando desde este punto de vista, no solo desde las Ciencias Sociales sino desde las Ciencias Exactas y desde la interdisciplina”.

Como último punto, Fernández Hasan advierte que el ensanchamiento del movimiento feminista es algo que ni siquiera ella, que trabaja con estas temáticas desde hace veinte años, lo hubiera sospechado. “El ingreso de tantas chicas jóvenes al movimiento trajo una frescura que no estaba prevista. Como científica me emociona la posibilidad de decir que se abrió. Mi motivación como comunicadora es la palabra, y lo que estamos viviendo hace dos o tres años es que hemos empezado a decir, se corrieron los velos, y las mujeres empezamos a decir cosas que antes no decíamos, que estaban invisivilizadas, colectivas e individuales. Me parece maravilloso, emocionante, y que da muchas posibilidades para seguir pensando y abriendo nuevas preguntas”.

Por Cintia Kemelmajer - DRI CONICET