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Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales

Apuesta a la incógnita

Publicada el 05 DE JULIO 2017, 12:30 En Divulgación .

Por qué ganó Macron.

Apuesta a la incógnita
Para el sociólogo Arnaud Ternta, el francés Emmanuel Macron supo llenar el vacío de poder dejado por los partidos tradicionales. Foto: pousta.com.

Los últimos 23 de abril y 7 de mayo, Francia concurrió a las urnas para elegir a su próximo presidente. Luego del triunfo de Donald Trump en Estados Unidos en noviembre de 2016, del plebiscito que llevó a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y de los desafíos planteados por el aumento de votos de la extrema derecha en las elecciones de los Países Bajos y Austria, los analistas internacionales posaron la mirada en Francia, tanto por su rol estratégico dentro de Europa como por el devenir de una de las democracias más consolidadas del mundo.

Las elecciones presidenciales galas plantearon un desafío a las modernas democracias, acechadas por los retos que plantea la globalización.

El caso francés ilustra, al igual que otros países occidentales, la debilidad de la democracia para la realización de un proyecto colectivo e inclusivo que combine crecimiento económico e igualdad social.

En efecto, existe una brecha entre la voluntad de las élites dirigentes de mejorar la competitividad económica, a través de reformas vinculadas con el mercado de trabajo y la protección social, y el sentimiento muy difuso de malestar de la ciudadanía, que entiende esas medidas como una regresión de sus condiciones de vida en razón de una competencia mundial injusta. Este malestar se tradujo en una incertidumbre frente a las propuestas de los partidos políticos tradicionales, tanto de izquierda como de derecha, que alentó coaliciones que enfatizan los extremos.

La coyuntura electoral reflejó un rechazo hacia la clase política, que, a diferencia de la Argentina, se canalizó a través de las urnas. Este rechazo se correlacionó con una serie de síntomas que pusieron en evidencia el desmoronamiento de los partidos tradicionales.

Dentro del arco de la centro-izquierda, el Partido Socialista sufrió una serie de reveses que menguaron su capacidad competitiva. El presidente François Hollande, que había ganado las elecciones en 2012 con más del 51 % de los votos en su segunda vuelta, no se presentó para su reelección debido a sus escasas chances de ganar la contienda electoral. La vertiginosa pérdida de su imagen positiva lo condujo a renunciar a ser el candidato socialista, una situación inédita luego de 60 años.

Por su parte, el primer ministro en ejercicio, Manuel Valls, renunció a su cargo en diciembre de 2016 para lanzar su campaña presidencial de cara a las elecciones primarias, que se consustanciaron en enero de 2017. Su filiación hacia el centro y su política de seguridad fueron algunos de los obstáculos que encontró en la interna partidaria, lo que llevó a que los simpatizantes socialistas lo colocaran en el segundo lugar en la contienda interna.

El candidato Benoit Hamon ganó las elecciones primarias y se erigió en el candidato oficial del partido. Su programa de gobierno, que contaba con el apoyo de economistas heterodoxos, como el renombrado Thomas Piketty, buscaba redireccionar al partido hacia la izquierda, espacio que Hollande había relegado a través de sus sucesivas medidas económicas y fiscales.

Sin embargo, Hamon tuvo serias dificultades para capitalizar al electorado de izquierda y de centroizquierda, cuyos votos drenaron, por un lado, hacia el candidato de La France Insoumise, Jean-Luc Mélechon, y, por otro, al candidato de En Marche!, Emmanuel Macron. El partido socialista debió conformarse con un lejano quinto lugar en la primera vuelta, en la que alcanzó el 6,5 % de los votos.

La organización partidaria tradicional de la centroderecha también sufrió una serie de embates que minaron la posibilidad de que su candidato ingresara al Palacio del Eliseo. Dentro del Partido Republicano, tres importantes personalidades se disputaron la candidatura a presidente: Nicolás Sarkozy, quien además de haber sido presidente contaba con la dirección del partido; Alain Juppé, intendente de la ciudad de Burdeos y ex primer ministro durante el primer mandato de Jacques Chirac (1995-1997), y François Fillon, ex primer ministro durante el mandato de Sarkozy (2007-2012).

Los electores finalmente seleccionaron como candidato a François Fillon, un conservador que exacerbaba la identidad católica francesa. A pesar de que las encuestas lo posicionaban en el mes de diciembre como el próximo presidente, su candidatura se vio salpicada por un hecho de corrupción, que finalmente empañó su arribo a la segunda vuelta. Las denuncias por el empleo ficticio de su esposa y de sus hijos en el Parlamento condujeron al electorado de centroderecha a escoger otras opciones políticas.

Frente a los desafíos inconclusos que dejaron los partidos mayoritarios en el gobierno, nuevas organizaciones políticas ganaron credibilidad frente al electorado.

El clivaje izquierda-derecha dio paso a una nueva oposición entre mundialismo y nacionalismo. En los “extremos”, la candidata del partido de ultraderecha, Marine Le Pen, pudo capitalizar el apoyo de todos los descontentos frente al proceso de globalización y europeización de Francia. Su propuesta de llevar adelante una política proteccionista y activa frente a la inmigración, a través de la exacerbación del sentimiento nacional, caló hondo en los distritos rurales franceses.

Por otro lado, el candidato de izquierda, Jean-Luc Mélechon, basó su propuesta en la fundación de la Sexta República. Su contundente carisma, su mirada crítica hacia la Europa dominada por la ideologia neoliberal y su visión positiva hacia los populismos latinoamericanos le valieron el apoyo del arco de la izquierda.

Finalmente, quien supo llenar el vacío de poder dejado por los partidos tradicionales fue el candidato de En Marche!, Emmanuel Macron. Figura desconocida en la política francesa, su gran apuesta fue concentrar el voto de los electores de centro, capitalizando el descontento tanto de electores del partido socialista como republicano. Así, bajo el lema de la renovación de la política, Francia escogió la incógnita.

Por: Arnaud Trenta - Becarios posdoctoral CONICET